Conformidad, Obediencia y Control Social en la Psicología Social
La conformidad y la obediencia, junto con
los mecanismos de control social que regulan el comportamiento, son fenómenos a
los cuales la Psicología Social le ha dedicado una parte de su estudio. Estos
conceptos, a pesar de ser diferentes, están conectados y juntos revelan como
los miembros de una sociedad modifican sus acciones, opiniones y percepciones,
bajo la influencia de autoridades. Mediante experimentos y teorías planteadas,
se ha podido establecer que dichos sucesos son esenciales y detonantes, tanto
para la cohesión, como la coerción social.
La conformidad se define como el
cambio que realiza un individuo de su conducta y formas de pensar, sin
necesidad de una presión explícita, ya sea por un deseo de pertenencia o por
considerar que el grupo tiene la razón. Solomon Asch, mediante un experimento
logró explicar este fenómeno a través de la influencia informacional (creencia)
y normativa (pertenencia), así como también el grado del mismo, el cual depende
de factores como el tamaño del grupo, el estatus individual o la unanimidad. No
obstante, este fenómeno no es universal y esto se demuestra a partir de
estudios transculturales y con enfoque de género, los cuales evidencian
diferencias significativas entre una comunidad y otra, lo que sugiere que la
conformidad no es algo innato, sino algo que surge a partir de variables
culturales y sociales.
Por otro lado, la obediencia implica
la sumisión de un individuo ante las ordenes provenientes de alguna autoridad.
En este caso, Milgram, a través de un controvertido experimento demostró como
una persona, a causa de la presión de un superior, es capaz de llevar a cabo
cualquier actividad, por más siniestra que sea. Además de como la proximidad
física a una posible víctima de su acción y la presencia de algún par rebelde,
afectan el nivel de obediencia. Asimismo, habla del actuar humano bajo dos
estados psicológicos, el de la autonomía (conciencia) y el del agente
(autoridad), que también influyen en el grado de obediencia.
Dentro de estos temas, surge el
control social como un sistema que abarca normas y estrategias para el
mantenimiento del orden social, y el cual se presenta de dos formas. El primero
es de manera formal, a través de leyes e instituciones, que de cierta manera es
coercitivo pues implica sanciones explícitas. Y el segundo es el informal, el que,
por medio de la familia, la escuela o la religión moldea las conductas. No
obstante, algunos críticos, consideran a este proceso como una herramienta de
poder que contribuye a la marginación de ciertos grupos para beneficiar a las
élites.
En síntesis, la conformidad y la
obediencia son fenómenos necesarios para la estabilidad social, pero cuando no
se sustentan en la coerción o la desindividualización. Los experimentos de
Milgram y Asch, demuestran la facilidad con la que las personas renuncian a su
forma de ser y pensar, ya sea por presión grupal o autoridad ciega. Por otro
lado, el control social al ser otro elemento que promueve la homeostasis
social, también puede resultar instrumentalizados por estructuras dominantes.
En fin, comprender estos tres fundamentos, permite fomentar una sociedad que
equilibre el orden social con su pensamiento crítico, donde actúen con
responsabilidad ética, pero también desafíen normas injustas.
Persuasión, Economía Digital y Control Social en la Era de los
Algoritmos
La persuasión se define como el arte de
influir en una persona actitudes y comportamiento a través de mensajes
estratégicos. Dicho fenómeno ha evolucionado desde la retórica clásica hasta
convertirse en un pilar fundamental para la economía digital y el control
social contemporáneo. En un mundo dominado por los algoritmos y la big data,
los mecanismos de persuasión no solo moldean las decisiones individuales, sino
también, transforman las dinámicas de poder y vigilancia.
La
persuasión ha sido un sistema estudiado desde la antigüedad, pero es gracias a
la psicología social que se logra esclarecer sus mecanismos cognitivos. Durante
la Segunda Guerra Mundial, Hovland demostró que el cambio de actitudes no se da
de manera espontánea, sino que requiere de una previa alteración a las
creencias del individuo mediante mensajes convincentes. Posterior a esto,
surgen modelos a partir de la teoría de la persuasión, que revelan la
existencia de dos rutas de influencia sobre los seres vivos, la central
(análisis racional) y la periférica (análisis superficial). Hallazgo que, de
manea subsiguiente, Cialdini sintetizó en seis principios universales:
autoridad, reciprocidad, escasez, consenso, consistencia y gusto, los cuales
son explotados en esta era nueva digital por la publicidad y el marketing para
impulsar compras en diferentes plataformas.
Como se
mencionó, esta nueva era digital, o mejor dicho revolución digital, ha
convertido a la persuasión en su principal herramienta de control con los
usuarios, tomando principalmente sus datos personales. A esta situación, Zuboff
la describe como el capitalismo de vigilancia, en el que las grandes
tecnológicas, monetizan la información personal mediante algoritmos que
predicen (manipulan) comportamientos por medio de un sistema de recompensa
variable que desencadena la liberación de dopamina y, por lo tanto, que crea
una adicción a esa recompensa, las notificaciones. Un ejemplo claro de esto es
la personalización de los contenidos, donde los algoritmos de redes como TikTok
o YouTube, refuerzan al aumento de minutos en sus plataformas, a través de la
exposición de videos relacionados con las preferencias del usuario. A pesar de,
es importante mencionar, que esta circunstancia ha traído como resultado una
brecha digital, en la que las personas que no acceden a la tecnología quedan
excluidas de oportunidades sociales e, incluso, laborales.
A nivel político, la persuasión, también es
algo que se ha instrumentalizado para construir realidades mediáticas, en donde
el éxito de una campaña electoral depende de estrategias de marketing, como los
ataques personalizados por redes sociales, la socialización abierta de temas
importante debatidos o la sustitución de ideologías por eslóganes sencillos.
Este enfoque, aunque efectivo para usuario digitales, fomenta la polarización
con los no digitales y pone la imagen de una campaña por encima de su proyecto.
Entonces,
como se puede evidenciar, los algoritmos no solo persuaden, sino también
ejercen control social, silenciando voces, y al ser los que controlan la
información, alterar la percepción de la realidad.
En
conclusión, la era digital es un arma de doble filo, que por un lado puede
facilitar la personalización de los servicios, por otro, amenaza la autonomía
personal y la privacidad. Es debido a esto que se recomienda que las personas
reciban una educación sustentada en el pensamiento crítico, establezcan límites
para el acceso de sus datos personales, exijan algoritmos transparentes y
promuevan alternativas tecnológicas como el software libre. En este nuevo
paradigma, las personas son el producto y la persuasión, una nueva forma de
control social, que, de no ser manejada con detenimiento, puede desencadenar
una sociedad poco analista.
La Agresión Humana: Un Análisis Multidimensional desde la Fisiología,
Cognición y Aprendizaje Social
La agresión
humana es un complejo fenómeno que ha sido abordado desde múltiples
perspectivas científicas, como la fisiología, la cognición y las teorías del
aprendizaje social. Aunque tradicionalmente esta se ha asociado con la
violencia física, realmente se manifiesta desde conductas de baja intensidad,
como la incivilidad, hasta actos extremos, como herir a otros. El siguiente
ensayo explora las bases biológicas, sociales y cognitivas de la agresión,
además de cómo se denota en contextos modernos, como los videojuegos, y propone
estrategias basadas en evidencia para su prevención.
De manera
general, la agresión se define como un comportamiento conducido por la
intensión de generar daño, ya sea físico, emocional o psicológico.
Pormenorizadamente, múltiples disciplinas ofrecen explicaciones sobre este
fenómeno.
Desde la
perspectiva fisiológica, Miles y Carey, a partir de un estudio con gemelos,
sugieren que hasta el 50% de la variabilidad de conductas agresivas tienen como
origen factores hereditarios. Algunas estructuras cerebrales, como la amígdala
y el hipotálamo, involucradas en las respuestas de ataque o huida, así como
neurotransmisores, como la serotonina que regulan su inhibición, algunas veces
no se encuentra un funcionamiento óptimo, lo que desencadena respuestas poco
adaptativas. Dichos antecedentes, son coherentes con la existencia del síndrome
de Lesch-Nyhan, que responsabiliza a las deficiencias enzimáticas de las conductas
agresivas de un individuo.
Desde la
perspectiva cognitiva, la agresión se atribuye a déficits en funciones
ejecutivas, tales como la autorregulación y la evaluación de consecuencias, que
invitan a reacciones impulsivas. Asimismo, la teoría del modelo general de
agresión propuesta por Anderson y Bushman, postula que la agresión surge de la
interacción de numerosos factores situaciones, como una provocación, y
cognitivos, como una interpretación distorsionada de un estímulo.
Desde la
perspectiva del aprendizaje social, Bandura demostró que la agresión puede
aprenderse mediante la observación y las recompensas, lo que se ajusta a
estudios actuales sobre como situaciones de violencias transmitidas a través de
medio de comunicación, aumenta la probabilidad de existencia de pensamientos
agresivos, especialmente en niños. Buss, por otro lado, habla también que, en
el contexto social, la frustración y la falta de oportunidades refuerzan
conductas agresivas como una forma de adaptación ante el rechazo.
En esta era
digital de la actualidad, existe una nueva forma, que, como los medios de
comunicación, expone a las personas a situaciones de violencia, los
videojuegos. Algunas teorías críticas, específicamente la GAM, sugiere que los
juegos con crónicas crueles, activan cogniciones y actitudes agresivas de
manera implícita. No obstante, el modelo catalizador de Ferguson, argumenta que
la agresión proviene de predisposiciones genética y el estrés ambiental, no de
los juegos. Debido a diversas situaciones de tiroteos, en algunos países, y en
sí, múltiples situaciones de agresión que tienden a ser vistas en videojuegos y
han sido traídas a la vida real, constatan la implicación de los juegos en
situaciones de violencia.
Para estas
situaciones de agresión, las cuales han causado 1.5 millones de muertes, la
OMS, destaca siete estrategias claves para reducirlas. La primera, es
establecer relaciones parentales positivas, en las que primen la crianza con
respeto. La segunda, es la educación en habilidades socioemocionales como la
empatía y la resolución de conflicto de manera civilizada. La tercera, es el
control de sustancias, pues las mismas, según un estudio realizado en
Australia, son las responsables de al menos el 50% de situaciones de violencia,
como los homicidios o suicidios. La cuarta, es la equidad de género, en la que
se desafíen normas culturales que perpetúan la violencia hacia grupos
minoritarios. Y finalmente, el cambio en normas sociales, a partir de campañas
que combatan los estereotipos violentos.
En síntesis,
la agresión es un fenómeno multifactorial en el que actúan factores biológicos,
cognitivos y ambientales. Las teorías como la GAM enfatizan el rol de los
estímulos externos y otras las predisposiciones internas. En fin, la evidencia
lo que sí demuestra directamente, es que es importante la intervención temprana
y estructural para mitigar el surgimiento de conductas agresivas. Y en un
mundo, donde la violencia prima, integrar estrategias en políticas públicas
para manejar estas situaciones indeseables, es urgente.
La Influencia del Liderazgo y la Cohesión
Grupal en la Dinámica de los Grupos
Los grupos
son unidades fundamentales para la estructura social y organizacional, en la
que la interacción entre sus miembros define la eficacia y la capacidad de los
mismos para alcanzar objetivos en común. Este ensayo
Un grupo se
define como un conjunto de personas que dependen el uno del otro y que se
relacionan para alcanzar alguna meta compartida. Para Riviére, los grupos se
administran de manera eficiente a través de la comunicación y estructuras
sociales, las cuales determinan los roles de cada uno de sus miembros y las
tareas explícitas o implícitas que deben cumplir. Kotler complemente esta idea,
estableciendo mecanismos que facilitan la comunicación eficaz, pero que también
limitan la diversidad de ideas de los seres humanos, tales como la cercanía y
la similitud entre miembros. En conjunto, estas definiciones, establecen que
los grupos son sistemas dinámicos que para funcionar correctamente dependen de
la interdependencia y la identidad colectiva.
Los líderes
dentro de un grupo cumplen un rol importante, como el de guiar a las personas
hacia objetivos comunes mediante medios no coercitivos. Según, los estudios de
Lippit y White, existen tres estilos de liderazgo: el autocrático, en el que
una sola persona maneja la ley y, por lo tanto, genera descontento o
agresividad en la sociedad; el laissez-faire, que le da a las personas un libre
albedrío con las políticas del Estado, lo que produce bajos niveles de
productividad y diversos desacuerdos; el democrático, en el que las decisiones
políticas son consensuadas entre los poderes del estado y la comunidad, lo cual
incrementa el nivel de eficacia y satisfacción grupal. Adamson, también habla
de un liderazgo operativo, en la que los líderes buscan la autonomía y la
dirección para fomentar la innovación, además de inspirar la cohesión grupal
por medio de un ambiente de confianza y respeto. Dicho proceso es relativamente
nuevo en los contextos modernos, puesto que combina la flexibilidad y la
adaptabilidad de las decisiones sociales a las necesidades del grupo.
Como se
mencionó, la cohesión, es un principio importante dentro de un grupo social y
hace referencia a la atracción/compromiso que tienen los miembros con respecto
a objetivos en común. Tajfel y Turner, proponen que la identidad social
fortalece la cohesión grupal mediante la categorización, identificación y
comparación con otros grupos. Un grupo cohesionado se caracteriza por poseer
una comunicación fluida, cooperación y alta productividad.
Por el
contrario, una integración deficiente, provoca conflictos, baja motivación y
fragmentación grupal. Según un estudio de Forsyth, la falta de pertenencia
comunal, complica la adaptación a cambios y reduce la creatividad. Para evitar
esto, es importante fomentar la interdependencia positiva, en la que los
miembros perciban que el éxito individual depende de su colectivo.
No obstante, es importante resaltar el
mantenimiento de la identidad personal dentro de un grupo mediante la reflexión
individual y la ética personal, pues la fusión completa de la misma con la
masa, deriva conductas no normativas, como las restricciones morales y el
aumento de la agresividad.
Finalmente, un tema del que hay que tener
cuidado, pues puede afectar la integración grupal, son los prejuicios sociales.
Estos son actitudes aprendidas que distorsionan la percepción de otros grupos y
que surgen de factores motivacionales, como la frustración o el deseo de
superioridad, y socioculturales, como las normas sociales discriminatorias.
Dichas valoraciones, ya sean de género, raciales o religiosas, generan
exclusión y conflictos interpersonales, lo cual afecta la cohesión social, por
lo que es fundamental combatirlos a través de la educación, empatía y políticas
que fomenten la diversidad.
En síntesis, la dinámica de los grupos está
influenciada por el liderazgo y la cohesión. Un líder democrático u operativo,
junto con ideas relacionadas con el mantenimiento de la identidad social y
personal, la interdependencia positiva y rechazo hacia los prejuicios, son
pilares para el éxito grupal. Sin embargo, en un mundo cada vez más
interconectado, es vital atender a los elementos que amenazan a la estabilidad
grupal, a través de estrategias como la conciencia crítica y la inclusión, con
el fin de crear sociedades resilientes, creativas y capaces de enfrentar los
retos del siglo XXI.
El Sentido de Pertenencia como Fundamento de la Identidad
y la Cohesión Social
El sentido de pertenencia es un pilar
fundamental en la construcción de la identidad individual y colectiva, así como
también en la formación de grupos cohesionados. El mismo se entiende como la
identificación afectiva y cognitiva que tiene un individuo con un entorno, el
cual es esencial para el bienestar psicológico, la motivación intrínseca y la
estabilidad social. A través del siguiente ensayo, tomando en cuenta teorías
psicológicas, sociológicas y ambientales, se demostrará cómo este concepto
influye en la identidad, la integración grupal y la relación con el espacio
físico.
Maslow ubicó a la pertenencia dentro de su
jerarquía de las necesidades humanas, destacando su importancia para el
desarrollo emocional y social. Según Osterman, la pertenencia genera un
compromiso afectivo que fortalece la identificación con los valores y metas de
un grupo. Dicha idea se refuerza con la teoría de la identidad social propuesta
por Tajfel, la cual define a la pertenencia como un componente que se deriva de
la valoración social y que es clave para la autoimagen.
Dentro del ámbito organizacional, el
sentido de pertenencia se vincula con la productividad y la satisfacción
laboral. Goodenow y Grady, señalan que los empleados que se siente parte de una
empresa, muestran un mayor compromiso y desempeño. Esto coincide con las
observaciones realizadas por Feres, las cuales reflejan la importancia de la
relación entre la pertenencia, la cohesión social y la participación ciudadana
para alcanzar la estabilidad social en la modernidad.
Asimismo, el sentido de pertenencia opera
en varias dimensiones. La primera es la psicosocial, la cual establece que la
pertenencia satisface necesidades humanas básicas como la seguridad y la
autoestima, además de fomentar emociones positivas, la resiliencia, la
motivación intrínseca y la internalización de normas; sin embargo, la ausencia
de esta integración, implicaría un estado de ansiedad y aislamiento. La segunda
es la afectiva, que se manifiesta en rituales, valores comunes o actitudes de
protección hacia el grupo y en la que Auge enfatiza la imperiosidad de la
alteridad para definir la identidad individual y colectiva. Por último, en el
contexto físico, la psicología destaca el vínculo entre las personas y sus
entornos. Autores como Proshansky, Augé e Hidalgo, introducen un concepto clave
para comprender a detalle el sentido de pertenencia, este es la identidad de
lugar, la cual establece que el espacio físico es el que se carga de
significados emocionales y simbólicos, lo que los convierte en lugares a los
cuales el individuo se apega.
De manera puntual, la cohesión social
definida por Festinger como la fuerza que mantiene unidos a los miembros de un
grupo, depende directamente del sentido de pertenencia. Turner argumenta que la
identidad colectiva emerge la percepción de similitudes y diferencias entre
grupos. Dicha dinámica se evidencia en diversos entornos, en los que la
integración mejora el rendimiento y la satisfacción.
Por último, se destaca las aplicaciones del
sentido de pertenencia al ámbito educativo, fomentando la identificación con la
institución mediante actividades colaborativas; al organizacional, promoviendo
culturas inclusivas que valoren la participación y el reconocimiento; y el
urbano, diseñando espacios que faciliten la interacción y la apropiación
comunitaria.
En conclusión, el sentido de pertenencia es
un constructo multidimensional que integra aspectos psicológicos, afectivos y
físicos para fortalecer la identidad individual y social. Su presencia es
crucial para la cohesión grupal, el bienestar emocional y la estabilidad social.
En el mundo actual, marcado por la globalización y el aislamiento, comprender y
cultivar este sentido se convierte en una tarea urgente para construir
comunidades inherentes a sus raíces.
REFERENCIA:
Muñoz, M. (2025). Guía didáctica de Psicología Social.