martes, 15 de julio de 2025

Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas

 

Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas

En las últimas décadas, la búsqueda de la felicidad se ha convertido en un imperativo social. Libros, programas de bienestar corporativo y gurús del desarrollo personal promueven la idea de que la felicidad es una elección individual y un estado alcanzable mediante técnicas científicas. Sin embargo, en esta obra desmontan críticamente este discurso, argumentando que la "ciencia de la felicidad" no es más que una herramienta de control neoliberal que responsabiliza a los individuos por su infelicidad mientras ignora las estructuras socioeconómicas que la generan. Este ensayo analizará las tesis centrales del libro, examinando cómo la industria de la felicidad medicaliza el malestar, promueve una visión individualista de los problemas sociales y beneficia a las élites económicas.

En la actualidad la felicidad se ha convertido en un objeto de estudio científico y en un producto de mercado. La psicología positiva, fundada por Martin Seligman, reduce la felicidad a un conjunto de técnicas medibles y aplicables, como el mindfulness o el pensamiento positivo. Sin embargo, esta perspectiva ignora que el sufrimiento humano tiene causas estructurales, como: desigualdad, precariedad laboral, exclusión, y lo reinterpreta como un problema de actitud individual. Un ejemplo claro es el auge de las terapias de autoayuda y los cursos corporativos de bienestar, que enseñan a los trabajadores a "gestionar el estrés" en lugar de cuestionar las condiciones laborales explotadoras que lo producen. Así, la industria de la felicidad despolitiza el malestar: en lugar de exigir cambios sistémicos, se exige resiliencia y optimismo. Esta narrativa es funcional al capitalismo, pues convierte la infelicidad en una falla personal, no en un resultado de políticas económicas (Cabanas y Illouz, 2019).

Por otro lado, los autores vinculan el auge de la "happycracia" con el neoliberalismo, un sistema que exalta la autonomía individual mientras desmantela redes de apoyo colectivo. Bajo este paradigma, el éxito y la felicidad dependen únicamente del esfuerzo personal, lo que justifica la desigualdad: si alguien es infeliz, es porque no se ha esforzado lo suficiente. Empresas como Google o Amazon promueven programas de felicidad laboral, con espacios físicos como zonas de juego, talleres de mindfulness, etc., pero ignoran demandas sindicales o salarios justos. Esta fachada de bienestar oculta la explotación, con la idea de que el trabajador debe sentirse agradecido y motivado, incluso si su empleo es precario. Además, la industria de la felicidad es un negocio multimillonario, desde apps de meditación hasta consultorías corporativas, se vende la promesa de una vida plena en un mercado que co-modifica las emociones (Cabanas y Illouz, 2019).

Paralelamente, los autores también critican el rigor de la psicología positiva, señalando que muchos estudios sobre felicidad están financiados por intereses corporativos o tienen metodologías dudosas. Por ejemplo, índices como el World Happiness Report reducen la felicidad a indicadores económicos (PIB, consumo), ignorando factores como la justicia social o la libertad política. Además, la idea de que la felicidad puede medirse mediante escalas o cuestionarios simplifica una experiencia humana compleja y culturalmente variable. La crítica aquí es epistemológica, puesto que la ciencia de la felicidad no es neutral, sino que refleja los valores de una sociedad individualista y orientada al mercado, al presentarse como verdad científica que solo vigoriza al status quo (Cabanas y Illouz, 2019).

En conclusión, esta obra realiza una crítica contundente a la industria de la felicidad, revelando cómo esta sirve a intereses políticos y económicos. Al psicologizar el malestar, el neoliberalismo nos hace creer que la infelicidad es culpa nuestra, no del sistema. La solución, según los autores, no está en más coaching o mindfulness, sino en recuperar una mirada colectiva: exigir derechos laborales, protección social y redistribución de riqueza, puesto que la felicidad no puede reducirse a una fórmula de consumo, sino que, debe construirse desde la justicia y la solidaridad. En un mundo donde la depresión y la ansiedad son epidemias globales, este libro es un llamado a desconfiar de las soluciones rápidas y a cuestionar quién se beneficia de que creamos que la felicidad es solo una elección personal.

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