Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan
nuestras vidas
En las últimas décadas, la búsqueda de la
felicidad se ha convertido en un imperativo social. Libros, programas de
bienestar corporativo y gurús del desarrollo personal promueven la idea de que
la felicidad es una elección individual y un estado alcanzable mediante
técnicas científicas. Sin embargo, en esta obra desmontan críticamente este
discurso, argumentando que la "ciencia de la felicidad" no es más que
una herramienta de control neoliberal que responsabiliza a los individuos por
su infelicidad mientras ignora las estructuras socioeconómicas que la generan.
Este ensayo analizará las tesis centrales del libro, examinando cómo la
industria de la felicidad medicaliza el malestar, promueve una visión
individualista de los problemas sociales y beneficia a las élites económicas.
En la
actualidad la felicidad se ha convertido en un objeto de estudio científico y
en un producto de mercado. La psicología positiva, fundada por Martin Seligman,
reduce la felicidad a un conjunto de técnicas medibles y aplicables, como el
mindfulness o el pensamiento positivo. Sin embargo, esta perspectiva ignora que
el sufrimiento humano tiene causas estructurales, como: desigualdad,
precariedad laboral, exclusión, y lo reinterpreta como un problema de actitud
individual. Un ejemplo claro es el auge de las terapias de autoayuda y los
cursos corporativos de bienestar, que enseñan a los trabajadores a
"gestionar el estrés" en lugar de cuestionar las condiciones
laborales explotadoras que lo producen. Así, la industria de la felicidad
despolitiza el malestar: en lugar de exigir cambios sistémicos, se exige
resiliencia y optimismo. Esta narrativa es funcional al capitalismo, pues
convierte la infelicidad en una falla personal, no en un resultado de políticas
económicas
Por otro lado, los autores vinculan el auge
de la "happycracia" con el neoliberalismo, un sistema que exalta la
autonomía individual mientras desmantela redes de apoyo colectivo. Bajo este
paradigma, el éxito y la felicidad dependen únicamente del esfuerzo personal,
lo que justifica la desigualdad: si alguien es infeliz, es porque no se ha
esforzado lo suficiente. Empresas como Google o Amazon promueven programas de
felicidad laboral, con espacios físicos como zonas de juego, talleres de
mindfulness, etc., pero ignoran demandas sindicales o salarios justos. Esta fachada
de bienestar oculta la explotación, con la idea de que el trabajador debe
sentirse agradecido y motivado, incluso si su empleo es precario. Además, la
industria de la felicidad es un negocio multimillonario, desde apps de
meditación hasta consultorías corporativas, se vende la promesa de una vida
plena en un mercado que co-modifica las emociones
Paralelamente, los autores también critican
el rigor de la psicología positiva, señalando que muchos estudios sobre
felicidad están financiados por intereses corporativos o tienen metodologías
dudosas. Por ejemplo, índices como el World Happiness Report reducen
la felicidad a indicadores económicos (PIB, consumo), ignorando factores como
la justicia social o la libertad política. Además, la idea de que la felicidad
puede medirse mediante escalas o cuestionarios simplifica una experiencia
humana compleja y culturalmente variable. La crítica aquí es epistemológica,
puesto que la ciencia de la felicidad no es neutral, sino que refleja los
valores de una sociedad individualista y orientada al mercado, al presentarse
como verdad científica que solo vigoriza al status quo
En
conclusión, esta obra realiza una crítica contundente a la industria de la felicidad,
revelando cómo esta sirve a intereses políticos y económicos. Al psicologizar
el malestar, el neoliberalismo nos hace creer que la infelicidad es culpa
nuestra, no del sistema. La solución, según los autores, no está en más coaching
o mindfulness, sino en recuperar una mirada colectiva: exigir derechos
laborales, protección social y redistribución de riqueza, puesto que la
felicidad no puede reducirse a una fórmula de consumo, sino que, debe
construirse desde la justicia y la solidaridad. En un mundo donde la depresión
y la ansiedad son epidemias globales, este libro es un llamado a desconfiar de
las soluciones rápidas y a cuestionar quién se beneficia de que creamos que la
felicidad es solo una elección personal.